La primera definición de la metodología del Análisis del Ciclo de Vida (ACV) fue propuesta en 1993 por la Society of Environmental Toxicology and Chemistry, SETAC [1]. Cuatro años más tarde, esta herramienta adquirió importancia dentro de la serie ISO 14.000 sobre Gestión Medioambiental. Dicha serie constituye un conjunto de estándares que proporcionan a la empresa un sistema para la gestión del impacto medioambiental que generan sus actividades. Aunque la aplicación de dichos estándares es voluntaria, su adopción tiene visos de ser generalizada y los imperativos del mercado llevan el camino de convertirlas en virtualmente obligatorias [2].