"Según lo recogido por Michel Dower1 el patrimonio, en sentido moderno y entendido como recurso, es un concepto que engloba los paisajes naturales y los creados por el hombre; las ciudades, villas y aldeas con características histórico-culturales propias en forma de edificios singulares o no; obras como puentes, molinos o muros; así como todo un conjunto de elementos reagrupados bajo el término "pequeño patrimonio". A este patrimonio físico y arquitectónico se une lo que ha transmitido la historia, el idioma y las costumbres, las tradiciones musicales y artísticas, los productos artesanos, y los oficios y las antiguas técnicas. Los edificios del pasado fueron construidos para responder a las necesidades sociales, económicas y culturales de las generaciones que los levantaron, utilizando para ello las técnicas constructivas que la época ofrecía. Materializan el esfuerzo de desarrollo de las personas en el tiempo y el lugar en los que se construyeron, pero también representan un recurso permanente para los lugares donde se encuentran. Cualquier sociedad experimenta ciclos de crecimiento y crisis, cuando no de declive. Los periodos de crecimiento económico posibilitan la construcción de nuevos edificios dedicados a nuevos usos específicos. La transformación o el declive de la sociedad que los generó conlleva el cambio de uso, la infrautilización, o incluso el abandono puro y simple. Y sin embargo, pocos son los edificios históricos que lo merecen: a menudo suponen un activo que hay que valorizar dentro de una perspectiva de reactivación local y de preservación de la identidad de una sociedad concreta."