La solución a los problemas ambientales actuales exige identificar y analizar el conflicto de intereses existente en el uso de las fuentes naturales, tanto a nivel individual, como social (entre varios grupos y/o individuos) y de estructura social, para conocer cómo afectan a nuestro futuro (Breiting et al., 1999). La educación y más especificamente la educación escolar aparece como el medio más eficaz para que los alumnos de hoy, «líderes de opinión del mañana y administradores de la Tierra» (Uzzell, 1999, p. 397), mejoren esta relación. Para ello, es necesario que tanto los planteamientos teóricos como las prácticas educativas de los procesos de enseñanza-aprendizaje se socialicen y democraticen, de manera que favorezcan en los alumnos además de la adquisición de conocimientos, el desarrollo de habilidades, destrezas, actitudes, del pensamiento crítico y de la competencia de acción.