"Évora es una ciudad "patrimonio de la humanidad". Mediante diferentes estrategias tato rural como urbanas -revalorización de escenarios urbanos, estimulo de prácticas económicas diferenciadas en su centro histórico, revitalización de las relaciones en el continuum rural-urbano, alteración de las funciones sociales y económicas de los barrios periféricos, etc- la ciudad elabora un plan director que envuelve al Concelho que preside para competir en el escenario económico -ciudad monumental-; político - implementación de políticas diferenciadas frente a otras regiones portuguesas; simbólico - con la recreación de nuevos espacios identitarios que compiten en el escenario portugués e internacional. Así el Alentejo y su paisaje - que se contrapone morfológicamente al Norte Portugués- adquiere connotaciones insospechadas y se convierte en objeto de deseo, búsqueda y síntoma de "buen gusto" - en el sentido de distinción explicitado por Bourdieu - para ciudadanos urbanitas de la cercana metrópoli lisboeta. Évora desempeña -desde hace tiempo- la función de capital regional del Alentejo, región caracterizada por su escasa industrialización, sus grandes latifundios y la importancia de la producción agrícola - especialmente cerealífera para el mercado interno y alcornoques (corcho) para la exportación-. Da la impresión, sin embargo, que estas actividades económicas han perdido la enorme influencia que ejercieron en la vida de la región. Durante los años 30 hasta los 70 del siglo XX , Évora fue el sitio de encuentro y principal plaza de comercio agrícola de la región. Allí adquirió enorme importancia - llegó a ser la plaza más importante de Portugal- el mercado porcino y a la sombra de las antiguos conventos - reconvertidos en casas solariegas- protagonizaba el "lavrador" su aventura comercial. Hoy, mucho de este pasado cercano es escenificado como una parte histórica del entramado urbano, amortiguando en el presente las profundas desigualdades sociales que existieron en el pasado."