En los estudios observacionales en general, y por supuesto en aquéllos relativos a algún aspecto de la relación ambiente-comportamiento, es necesario disponer de una estructura conceptual que constituye el esquema o esqueleto rector del que pende todo el proceso a seguir. La decisión sobre cuál sea el diseño adecuado es previa, por tanto, a toda operación metodológica relativa a cómo recoger, organizar y analizar los datos, y sólo se halla subordinada, claro está, a la fijación de los objetivos del estudio (Anguera, Blanco & Losada, 2001a).