Una de las dimensiones educativas de la globalización implica la creación de contextos de aprendizaje donde la interpretación de la realidad se lleve a cabo desde diferentes puntos de vista. Las situaciones de argumentación son idóneas para ejercitar el perspectivismo dado que en el discurso argumental se pretende cambiar la posición de alguien respecto a un tema polémico. Lo que implica exponer y defender el propio punto de vista teniendo en cuenta las posiciones contrarias. Los niños muestran una enorme dificultad en la competencia argumentativa, tanto en su dimensión estructural (elaboración de una secuencia lógica) como dialógica (tener en cuenta las opiniones de la audiencia). A los 10-12 años, son capaces de hacer una propuesta y justificarla, pero no de desarrollar una secuencia argumentativa compleja en la que se incluyan y discutan las ideas contrarias (Golder y Coirier, 1994; Knudson, 1992). Esta dificultad se debe en gran parte a la incapacidad para adoptar otros puntos de vista y razonar a partir de éstos (Golder y Coirier, 1996; Correa, Ceballos y Rodrigo, en prensa).