Ciertamente la literatura sobre la percepción social del riesgo es amplia, tanto desde el análisis de los procesos cognitvos, sociales y culturales que subyacen al fenómeno (Pigdeon, et.al., 1992; Puy, 1995; Puy y Cortés, 2000; Renn, 1992; Renn, Burns, et.al., 1992; Dake, 1992; Riad, Norris y Ruback, 1999; Steg y Sievers, 2000; Valera, 2001) como en relación con el riesgos específicos (Cvetkovich y Earle, 1992; Lindell y Perry, 2000; Walsh-Daneshmandi y MacLachlan, 2000) y su comunicación a la población (Slovic, 1991; Trettin y Musham, 2000; Kuhn, 2000; Sherman, Nelson y Steele, 2000). Sin embargo, difícilmente se encuentran propuestas metodológicas que aborden de forma global la percepción social del riesgo, a pesar que en nuestra sociedad actual, cada vez son más los riesgos percibidos (Beck, 1998) y cada vez más crece la alarma social ante nuevos riesgos (seguridad alimentaria, amenaza biológica, manipulación genética, etc.) (Mir, 2001).