El hecho de que los ambientes con elevados niveles de ruido puedan incidir negativamente en la calidad de vida de la población ha motivado el desarrollo de numerosas investigaciones dirigidas a determinar la dimensión exacta de este problema ambiental (población afectada, niveles críticos de exposición ....), así como al desarrollo de estrategias de control de ruido, tanto a nivel legislativo como de actuaciones concretas en el urbanismo y en la planificación territorial (Fidell y otros 1991; Fields, 1992). Desde esta perspectiva, el ambiente sonoro se asimila a ruido, a contaminación, siendo la intensidad el elemento básico en torno al que se determina su valor y la molestia la principal respuesta analizada en relación al mismo.