En el año de 2001 Brasil pasó por un proceso de racionamiento de energía. La estructura de energía del país está basada en la energía hidroeléctrica, y por un motivo climático el nivel de los depósitos bajó a un estado crítico. Para mantener el abastecimiento de energía, la solución propuesta por el gobierno fue la reducción de un 30% del consumo medio de energía eléctrica por parte de toda la población. Así pues, tuvo lugar una muy intensa campaña educativa en los medios de comunicación, pidiéndose la cooperación de la población para evitar el riesgo inminente de corte de luz. Para alcanzar la propuesta de la meta de reducción de consumo de energía, uno de los enfoques abordados , fue el de la substitución de lámparas incandescentes por las lámparas fluorescentes compactas. Estas lámparas consumen prácticamente una cuarta parte de energía que sus equivalentes. Fue observado que la población no estaba satisfecha con este cambio, debido al hecho de que los fabricantes sólo pusieran a disposición del público lámparas con la temperatura de color alto, mayor que 4000 Kw. Esta franja de temperatura alteró considerablemente la percepción de color de productos por parte de la población. Los alimentos, las vestimentas, los ambientes, los mobiliarios, entre otros tenían sus colores alterados por causa del cambio en el tipo de iluminación al que fueron sometidos. En este artículo se presenta una discusión sobre las consecuencias de la crisis de energía en el cambio de la percepción de colores de los productos. Para evaluar este impacto se realizo una investigación en la cual productos acabados eran sometidos a los tipos diferentes de iluminación. La iluminación seleccionada consistió en las lámparas usadas antes y después de la crisis de energía. La necesidad de reducir el consumo de luz alteró las relaciones de comercio y principalmente el humor de la población. Estos cambios motivaron la realización de experimentos en los cuales se analizó como los diferentes grupos de la población perciben los colores de los objetos.